

Hay empresas que llegan a septiembre con el marketing en marcha. Tienen publicaciones previstas, campañas activas, contenidos que preparar, quizá SEO, email marketing y un calendario lleno de tareas. Desde fuera, parece que todo está funcionando. Pero hay una pregunta que no siempre nos hacemos: ¿Todo eso está haciendo avanzar el negocio o simplemente está ocupando el calendario? Porque hacer marketing y avanzar gracias al marketing no son necesariamente lo mismo.
Puedes estar publicando, revisando métricas, lanzando campañas y probando formatos y, aun así, no tener claro qué está funcionando, qué no y por qué. Ahí aparece un problema más difícil de detectar que la falta de actividad: confundir actividad con progreso.
Para profundizar: Cómo saber si tu marketing tiene estrategia o solo está ejecutando →
El marketing puede estar muy ocupado sin estar avanzando.
Al final de la semana podemos mirar todo lo que hemos hecho y sentir que hemos avanzado mucho. Pero, ¿qué ha cambiado realmente?
Esa es la diferencia entre actividad y progreso. La actividad responde a: ¿Qué hemos hecho? El progreso plantea una pregunta más incómoda: ¿Qué ha mejorado gracias a lo que hemos hecho?
No es lo mismo publicar tres veces que conseguir que más personas adecuadas entiendan lo que hacemos. No es lo mismo aumentar las visitas a una web que generar más oportunidades. El marketing puede estar muy ocupado sin estar avanzando.
Parece una pregunta sencilla, pero muchas veces no tiene una respuesta demasiado clara.
A veces porque funciona. Otras, porque queremos conseguir algo concreto. Pero también hay una respuesta mucho más habitual:
Ninguna de esas razones significa, por sí sola, que la acción tenga sentido para nuestro negocio. El problema aparece cuando la decisión deja de existir. Cuando una acción continúa simplemente porque nadie se ha parado a preguntarse si sigue teniendo sentido. Ahí es donde la rutina puede empezar a sustituir al criterio.
No para hacer menos por hacer menos. Para decidir mejor qué merece la pena hacer.
El marketing digital nos ha acostumbrado a tener muchas opciones. SEO, redes sociales, publicidad, contenidos, email, vídeo, automatizaciones, nuevas herramientas... Muchas pueden ser buenas ideas. Pero la pregunta no debería ser solamente: ¿Podemos hacerlo? Sino: ¿Tiene sentido para nuestro negocio?
Por eso, además de preguntarnos qué podemos añadir, deberíamos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo ahora que ya no tiene sentido? La cuestión no es eliminar por eliminar. Es entender para qué hacemos cada cosa y decidir si merece ocupar un lugar dentro de nuestra estrategia. Porque los recursos de una empresa no son infinitos. Elegir también implica renunciar.

Antes de incorporar una nueva acción de marketing, conviene entender qué estamos intentando conseguir con ella.
La acción debería responder al problema, no al revés. No es lo mismo necesitar visibilidad que necesitar oportunidades comerciales.
Para profundizar: Qué es realmente la visibilidad digital →
"Estar más presentes" puede ser un punto de partida, pero necesitamos saber qué queremos que ocurra después.
Una acción puede ayudar a atraer, generar confianza, explicar nuestra propuesta o facilitar una conversión. Si no sabemos qué papel juega dentro del conjunto, tampoco sabremos qué esperamos de ella.
No necesitamos medirlo todo. Necesitamos saber qué información nos ayudará a decidir. Porque los datos no están para demostrar que teníamos razón. Están para descubrir si tenemos que cambiar de opinión.
Nuestro tiempo, presupuesto y capacidad de trabajo son limitados. Añadir una acción significa dedicar recursos a ella y dejar de dedicarlos, al menos de la misma manera, a otra cosa. Por eso priorizar también consiste en decidir qué puede esperar, qué podemos dejar de hacer y dónde merece realmente la pena poner nuestros recursos.
Quizá la pregunta no sea si deberías hacer más marketing. Quizá sea si entiendes realmente por qué estás haciendo lo que haces.
La estrategia no consiste en hacer todo lo que podemos hacer. Consiste en decidir qué merece la pena hacer, qué no y por qué. Y esa decisión es solo el principio.
Porque una vez que sabemos qué merece la pena hacer, aparece otra pregunta: ¿Están todas esas acciones trabajando juntas o cada una está haciendo la guerra por su cuenta? Podemos tener buenas acciones y, aun así, tener un marketing desconectado. Y ahí es donde el problema puede no estar en el canal. Puede estar en cómo hemos construido el sistema.
En el próximo artículo hablaremos precisamente de eso: de por qué el problema no siempre está en el canal.
Siguiente lectura: El problema no siempre está en el canal →
¿Cuánto de lo que haces en marketing responde realmente a una decisión estratégica y cuánto haces simplemente porque toca? Nos encantará conocer tu experiencia.

Si te interesa reflexionar sobre marketing con criterio, puedes suscribirte a nuestra newsletter. Compartimos ideas útiles, sin humo y con los pies en la tierra.
Hola 👋 ¿En qué podemos ayudarte?